Las emisiones de dióxido de carbono producto de la acción humana representan una amenaza para la capa de ozono.
Jueves, Julio 10, 2008
Benín, víctima del cambio climático
La primera impresión que tiene el visitante del Norte cuando respira el aire de Cotonú es una oleada densa de caucho chamuscado, rociada por una penetrante fragancia de gasolina. Millares de motos zumbantes subrayan el trazado irregular de la capital comercial de Benín, una de las ciudades más irrespirables del mundo, a causa de la contaminación y del clima húmedo. Rodeado por Nigeria, Togo, Burkina Faso y Níger, Benín es un estado costero y estrecho de África Occidental. La mitad de sus 7,5 millones de habitantes vive en la costa.
Solidaridad internacional
Situada bajo el nivel del mar, Cotonú es una de las zonas más vulnerables frente al fenómeno del cambio climático. Ni las europeas Venecia o Amsterdam serán amenazadas por el aumento del nivel del mar, ya que cuentan con los recursos técnicos y económicos para hacer frente al avance del agua. Sin embargo, como indican los expertos de la
Organización Meteorológica Mundial, los países que menos contribuyen a la emisión de CO2 son aquellos que se encuentran en una posición más vulnerable frente al cambio climático. Esta paradoja es una de las principales conclusiones del
Informe sobre el Desarrollo Humano 2007/2008 elaborado por las Naciones Unidas. Por lo tanto, es urgente que los países del Norte inviertan en transferencia de tecnología para que los más vulnerables se adapten a la variabilidad climática. Se trata, según el organismo internacional, de una cuestión de justicia climática. “Si no reducimos de forma urgente y significativa las emisiones de CO2 en los países del Norte, estamos vulnerando los derechos humanos de las futuras generaciones de los países en desarrollo, que son los que van a padecer más directamente las consecuencias del calentamiento del planeta”, denuncia Marisol Sanjines, de las Naciones Unidas.
Las consecuencias se pueden sentir ya en Benín, donde la estación de lluvias llega cada año un poco mas tarde. En el norte del país, la sequía y las lluvias torrenciales son las principales amenazas que ya han empezado a reducir las cosechas de un país que vive principalmente de la agricultura. En el sur, la erosión del litoral y las inundaciones son los efectos más visibles del cambio climático. Las ciudades se transforman en pantanos durante la estación lluviosa, provocando un riesgo de infecciones sanitarias, en un país donde el índice de malaria es alarmante. El gobierno ha desplazado varias barriadas y declarado “no habitables” algunas regiones que se encuentran en el cauce del agua en caso de lluvia intensa. “Sin embargo, las familias regresan a los terrenos fluviales durante la estación seca”, se lamenta Thomas Bagan, responsable del programa de adaptación al cambio climático del gobierno de Benín. Varios barrios de chabolas han desaparecido durante las inundaciones, más frecuentes a causa del aumento de fenómenos climáticos extremos. Las autoridades denominan a las víctimas “sinistrados”, pero las organizaciones internacionales ya han acuñado el termino de “refugiados climáticos” para designar a las poblaciones obligadas a emigrar a causa de un fenómeno climático extremo.

Yo soy ‘zémidjan’, taxista-moto
Excesivamente poblada, Cotonú no dispone de trasporte público. Una de las salidas profesionales para los miles de jóvenes benineses es, pues, convertirse en zémidjan, taxista en moto. Son millares los motociclistas que circulan con una camisa amarilla. Según datos oficiales, el 95% de las motocicletas de Cotonú son de ocasión y muchas provienen de países asiáticos. No existe ningún sistema de homologación oficial para los vehículos de dos ruedas, responsables de la mayor parte de la contaminación de la ciudad.
Además, muchos de ellos llenan sus depósitos en estaciones de servicio informales al borde de la carretera. El gasóleo llega clandestinamente desde Nigeria, a través de un mercado negro muy afincado en la región. El litro de gasolina cuesta 500 francos (70 céntimos de euro) en una estación de servicio oficial y menos de 400 francos en un garito al borde de la carretera. “Esta gasolina no ha seguido los controles de refinamiento y es de mala calidad”, nos cuenta un
zémidjan, que constata que el filtro de su moto está siempre sucio. Son muchas las familias que viven de la venta informal de gasolina, razón por la cual el Estado considera “muy difícil perseguir los vendedores ambulantes, ya que se trata de una “cuestión social”. Según la ministra de medio ambiente, Juliette Biao Koudenoukpo, el reto es “ofrecer una alternativa a todos estos jóvenes” que ladean las carreteras del país, poniendo en peligro sus vidas en caso de accidente.
“Es el modo de transporte más rápido”, asegura una clienta que negocia el precio de su trayecto en taxi-moto con Sébastien Dira, un
zémidjan de Cotonú. Finalmente ella, su bebé y su compra viajan por 100 francos CFA (15 céntimos de euros). El numero de pasajeros puede ir de uno a..., el máximo que soporte el vehículo. Prácticamente nadie lleva casco en Cotonú. Al borde de la carretera, un hombre los vende por 15.000 francos CFA, un precio inabordable para los zémidjan. Al cabo del día, Sébastien Dira, gana entre 4.000 i 5.000 francos (entre 6 y 7,5 euros y), si “la jornada ha sido buena”. De esta cantidad, hay que restar la gasolina y los 2.000 francos diarios que paga para alquilar la motocicleta.
“Cada mañana, rezo antes de salir a trabajar. Empiezo a las 7h, paramos a la una para comer y luego seguimos hasta que anochece”. En lugar de un casco, Sébastien se pone una gorra para protegerse del sol. “Es un oficio muy duro, y ahora todavía más con el aumento del precio de la gasolina. Por la noche, me pican los ojos y me duele todo el cuerpo, sobre todo la espalda. Mi idea es trabajar una temporada de zémidjan, el tiempo necesario para ahorrar y abrir un restaurante. Mi oficio es cocinero.”
Son las seis de la tarde, hora punta. Los zémidjan surcan la ciudad, serpenteando peatones, coches acatarrados, y vendedores ambulantes. Una bandeja florida de piñas se pasea cansinamente entre la multitud. Una humareda de brasa inunda la vuelta de la esquina, donde un vendedor de tez brillante propone una porción de pollo raquítico por 400 francos.
Créditos fotográficos: Samuel Rogríguez
Este reportaje ha sido posible gracias al programa Media21 sobre el cambio climático.
Martes, Junio 10, 2008
Visita un parque eólico en el Día Europeo del Viento
El próximo domingo 15 de junio los parques eólicos de toda Europa abren las puertas al público para explicar las ventajas de la energía eólica, una fuente de energía limpia e infinita. El
Día Europeo del Viento 2008 llega después que los líderes europeos dieron una respuesta poderosa a la crisis climática y energética. Por un acuerdo unánime, los 27 se han comprometido a alcanzar el 20% de energías renovables en 2020.
La jornada conmemorativa del 15 de junio ofrece la posibilidad de descubrir cómo trabajan los
aerogeneradores, y saber cuánta energía eólica puede producirse en Europa. Consulta el mapa interactivo de la
Asociación Eólica Europea (EWEA), promotora del evento.
LAS VENTAJAS DE LA ENERGÍA EÓLICA
Una energía limpia
La energía producida por el viento produce una huella mínima, es decir, la emisión de CO2 es mucho menor que la que producen otras fuentes de energía para producir electricidad, como por ejemplo las centrales térmicas. No agota los recursos naturales ni causa daños al medio ambiente a través de la extracción de recursos, el transporte y la gestión de residuos.
Los aerogeneradores tienen un impacto reducido en el paisaje. A una distancia de 300 metros, una turbina moderna no es más ruidosa que un frigorífico. El impacto en aves, murciélagos y otros animales silvestres y los hábitats es extremadamente bajo en comparación con otras actividades humanas.
Una energía barata a largo plazo
Si los costes externos de los daños causados a la salud y al medio ambiente por los combustibles tradicionales se tuvieran en cuenta, la Comisión Europea ha calculado que el coste de la generación eléctrica con carbón seria el doble y el de la generación eléctrica con gas se incrementaría un 30%. El coste de producción de la energía eólica no se puede comparar con el coste de una central eléctrica que ya ha sido amortizada. Sin embargo, la eólica es cada vez más competitiva, especialmente debido al aumento del precio del petróleo que influye en el del gas. Así pues, uno de los beneficios económicos más importantes de la energía eólica es que reduce la dependencia de los países productores de petróleo y la exposición a la volatilidad de su precio. En los buenos emplazamientos costeros, el coste oscila entre 4-5 céntimos de euro el kWh.
España, líder mundial
En España hay 16.103 aerogeneradores, distribuidos en 672 parques eólicos. En 2007, España fue el segundo país del mundo que más energía eólica instaló, tras EE.UU: 3.522 MW, prácticamente el doble que Alemania. La energía del viento cubre casi el 10% de la demanda eléctrica y es ya la cuarta tecnología del sistema estatal, por delante de la hidráulica. El objetivo contemplado en el
Plan de Energías Renovables (PER) es tener instalados 20.155 MW eólicos en 2010. La meta que se ha fijado el sector es duplicar esa cifra en 2020.
Lunes, Febrero 18, 2008
Más energía eólica no es menos CO2
Los países que más invierten en energía eólica mantienen un alto índice de emisiones de CO2, según un estudio publicado en Francia. La
Federación Environnement Durable ha comparado la evolución de las emisiones de CO2 en distintos países europeos. Lógicamente, puesto que los molinos de viento no emiten CO2, los países con un mayor parque eólico deberían presentar un balance de carbono favorable.
El estudio demuestra lo contrario. Alemania, a pesar de tener un parque eólico de más de 18 000 MW, ha aumentado sus emisiones de 1,2% entre 2000 y 2005. España ha aumentado de 10,4% sus emisiones. M. Lefranc, autor del estudio, explica en Le Monde que el aumento de emisiones se debe a la expansión económica que España ha protagonizado en los últimos anos.
Pero estos datos plantean una interrogación inquietante:
¿En qué medida la energía eólica puede reducir las emisiones de CO2? Está claro que sin una política de ahorro de energía y, la eólica no representa por si sola la panacea para cubrir una demanda de electricidad en aumento.