Verde que te quiero verde


Las empresas se han dado cuenta de la necesidad de actuar y comunicar sobre sus acciones de reducción de emisiones de CO2. Los principales contaminantes del planeta tienen un departamento de desarrollo sostenible. El problema reside hoy en verificar que detrás de los discursos haya una verdadera acción medioambiental. Porque ya se sabe que ahora que se acerca San Valentín, todos se apuntan al lema "verde que te quiero verde".

Existe un término para designar el lavado de imagen que algunas empresas aplican en sus estrategias de marketing. Es lo que en inglés se conoce como greenwashing, o lo que es lo mismo, hacer un uso abusivo y fraudulento de argumentos ecológicos en las campañas publicitarias eco-friendly de ciertos productos claramente contaminantes. Fue la revista americana Mother Jones quién encuñó el término greenwashing en 1990. En diciembre de 2007, la empresa de marketing ambiental TerraChoice publicó un estudio titulado “Los seis pecados del greenwashing”, donde revelaba que el 99% de los 1.018 productos de consumo doméstico analizados correspondían a la definición de greenwashing. Según este estudio, los “Seis pecados de greenwashing” son:

1. El pecado de sacrificar una cosa por la otra: Abandonar una visión global, por ejemplo, algunas marcas de papel afirman que los árboles vienen de una plantación sostenible, pero no mencionan el impacto del proceso de elaboración del papel o su transporte. Hacer énfasis en un sólo aspecto de la cadena medioambiental a menudo conduce a ocultar otros aspectos menos laudables del proceso de fabricación y comercialización.

2. El pecado de la ausencia de pruebas. No aportar certificados procedentes de terceras entidades acreditadas, páginas web, teléfonos de atención personalizada.

3. El pecado de la vaguedad e imprecisión en las informaciones. Muchas etiquetas están completamente vacías de significado. Algunos ejemplos de esta moda del etiquetaje verde y sin sentido: como “eco”, “sin sustancias químicas”, “no tóxico”, “natural”, “environmentally-friendly” o “earth-friendly.”

4.El pecado de la irrelevancia: Que un producto concreto no contenga CFC (clorofluorocarburos) perjudiciales para la capa de ozono puede no tener nada de excepcional ni de anormal. ¡No te dejes impresionar por la etiqueta “Sin CFC”! Pregúntate si esta afirmación es importante y relevante para este tipo de producto y compáralo con la competencia.

5. El pecado de mentir: certificados verdes inexistentes o fraudulentos. Afortunadamente, los certificadores oficiales contienen listas públicas de productos certificados y avisos de productos fraudulentos: EcoLogoCM, Chlorine Free Products Association (CFPA), Forest Stewardship Council (FSC), Green Guard, Green Sea.

6. El pecado del mal menor: Intentar adosar una actitud “verde” a los consumidores de un producto que tiene un dudoso beneficio medioambiental, como por ejemplo el tabaco orgánico o los pesticidas ecológicos.

La prudencia se impone pues a la hora de otorgar la etiqueta verde a las empresas. Sin embargo, en Alternative Channel insistimos en invitar a las empresas a implicarse en el debate sobre desarrollo sostenible y a publicar los vídeos de sus acciones medioambientales. Creemos que no podemos abordar este tema sin involucrar al sector privado, ya que la actividad empresarial es una de las principales causas del calentamiento global. En lugar de diabolizar y dar un portazo a las empresas contaminantes, es necesario buscar alternativas sostenibles de crecimiento. Es obvio, también, que hay que crear mecanismos de control para verificar que las declaraciones de intención se cumplan realmente.

Hay que confrontar al sector privado a la pregunta: ¿Y tú, qué haces tú para luchar contra el cambio climático?

Créditos fotográficos: Onika Simon/Flickr
Postado por el 02/12 a las 11:01 AM
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Muy bueno el artículo.Nos estamos volviendo todos muy “ecológicos” si, y eso huele a trampa.
Parece ser que hasta los complejos turísticos horteras del mediterráneo son ahora ecológicos. Por favor. O los coches.
Para evitar el fraude es necesario un control y una certificación contundentes. La gente debe estar informada y para ello hacen falta campañas por parte del estado, y subvenciones a los agricultores que deseen pasarse a el cultivo ecológico o que necesiten certificar sus productos.
Bueno, encantado de leeros.

Un saludo.
Carlos
tardor.wordpress.com

Postado por carlos  el  02/20  a las  09:38 AM
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